San Rafael, nuestro terruño
Un oasis en el sur de Mendoza
San Rafael es el oasis sur, en el corazón de Mendoza. Entre la cordillera y la llanura, el agua que baja de la montaña por los ríos Diamante y Atuel hace posible la vida en medio de un paisaje de desierto. Aquí la viña no es un accidente: es el fruto de generaciones que aprendieron a cuidar el agua, la tierra y el tiempo.
Es también una región de tradición viñatera. Muchas familias llevan en la sangre el oficio de la vid, y la nuestra es una de ellas.
Bombal y Tabanera
Nuestras viñas están en Colonia Bombal y Tabanera, donde plantamos los primeros viñedos en 2003 en la finca Hia Guiam Ye, “para los hijos”.
Su suelo es franco arenoso, y esa arena es uno de los símbolos de Lignac. Un suelo así, de buen drenaje, obliga a la vid a esforzarse y se traduce en vinos de gran estructura y complejidad, se logran vinos profundos. Por eso nuestra línea de entrada se llama Arena: lleva el nombre del suelo que le da su identidad.
Lo que el terruño le da al vino
Terruño es más que suelo. Es el conjunto de lugar, clima, paisaje, añada e historia humana que hace que un vino sea de un sitio y no de otro. Es lo que ninguna técnica puede copiar.
En Lignac no buscamos tapar ese carácter ni corregirlo. Lo escuchamos. Cada año analizamos la viña, el suelo y el paisaje, y a partir de ahí decidimos cómo acompañar a la uva hasta que se convierta en vino. Las levaduras indígenas, que vienen con la fruta, hacen el resto: convierten el fruto de este lugar en un vino único e irrepetible.
Por eso nuestros vinos no buscan parecerse entre sí de un año a otro. Buscan ser fieles: a su añada, a su suelo y a su historia.
Una identidad que se descubre
San Rafael todavía tiene muchísimo para decir. No pretendemos imitar a otras regiones ni sumarnos a una moda. Queremos que quien destape una botella de Lignac conozca este rincón de Mendoza: su arena, su oasis, su gente.
Nuestro propósito es dejar un testimonio del terruño que trascienda en el tiempo.
